martes, 11 de marzo de 2014

EL MONO QUE DIJO NO


En el árbol filogenético del hombre, observamos cómo a partir del Mioceno se separan dos grandes grupos, los Antropomorfos y los Homínidos. Como si una mano mágica hubiera escogido sólo al hombre como cúspide de la evolución, dejando atrás a orangutanes, gorilas y chimpancés. 

 La ciencia dice que, de acuerdo con la síntesis moderna establecida en los años 1930 y 1940, la variación genética de las poblaciones surge por azar mediante la mutación (ahora se considera que está causada por errores en la replicación del ADN) y la recombinación (la mezcla de los cromosomas homólogos durante la meiosis). La evolución consiste básicamente en los cambios en la frecuencia de los alelos entre las generaciones, como resultado de la deriva genética, el flujo genético y la selección natural.

 La especiación podría ocurrir gradualmente cuando las poblaciones están aisladas reproductivamente, por ejemplo por barreras geográficas (especiación alopátrica), o por cambios dentro de una misma población (especiación simpátrica). 

 Desde hace algunos años, los científicos han reparado en la enorme semejanza de nuestros genes con los genes del chimpancé. Es así como se ha observado que el 98% de nuestro genoma es idéntico al genoma del chimpancé. Solo ese 2% es el que nos hace ser tan diferentes. Un 2% carente de interés, porque por más que se busca y se busca una diferencia que nos separe de ellos, haciéndonos reyes frente a mendigos, no se encuentra.

 Hemos leído que la especiación puede ser alopátrica, que no es el caso pues compartieron siempre ambos territorios y espacios, o simpátrica, más absurda aún, porque eso indicaría que en un grupo de ancestros cercanos comunes, un pequeño grupo fue tocado por el dedo de la evolución, dejando al resto de lado. Al menos, suena extraño.

 Por eso, Anton Slater, doctor en biología evolutiva por la universidad de Yale, después de estudiar miles de hombres y de chimpancés, ha llegado a la única conclusión lógica: el chimpancé, se negó a seguir los pasos del hombre. Y se negó conscientemente, demostrando ser el más inteligente de los dos.

 ¿Qué por qué dice eso? sencillo... Los seres humanos son agresivos por naturaleza porque es necesario para la supervivencia, pero en lo que falla la sociedad actual, y ha fallado siempre, es en el control de los comportamientos agresivos innecesarios y patológicos.

 Entre las causas que se apuntan sobre esta falta de control de la agresividad destacan, además de los factores biológicos, algunos factores socioambientales propios de las sociedades modernas como son la masificación, la contaminación acústica y atmosférica, las deficiencias de la educación y la frustración de las expectativas. 

 De todo esto, el chimpancé, del que trata su libro, como los orangutanes y los gorilas, se libran. 

Y lo hacen por decisión.

 ¿No me creen?

 Lean este estudio...

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